ARCHIVO - El argentino Ángel Cabrera, celebra en la ronda final del Masters de golf en Augusta, Georgia, el 12 de abril del 2009. (AP Foto/Morry Gash)

ARCHIVO – El argentino Ángel Cabrera, celebra en la ronda final del Masters de golf en Augusta, Georgia, el 12 de abril del 2009. (AP Foto/Morry Gash)

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Su foto sigue en la pared de los campeones en el edificio de prensa del Augusta National, entre Trecor Immelman y Phil Mickelson. Su silla en la cena de campeones el martes por la noche estaba vacía, no obstante, y si hubo una invitación para jugar en el Masters este año, nadie la vio.

Mientras el martes se juega esta semana, Ángel Cabrera está en una prisión en Argentina, donde cumple dos años por violencia de género. Y existe la posibilidad de que enfrente una sentencia aún más larga.

La gloria de 2009 nunca pareció tan lejana.

“Muchos niños crecen sin un modelo a seguir y toman malas decisiones, la furia que llevan dentro los domina”, dijo Charlie Eps, un golfista profesional de Houston que tiene una relación de padre-hijo con Cabrera. “Pero eso no justifica hacer cosas malas”.

Cabrera fue un campeón improbable, un niño de la calle que se crió sin padres y no tuvo una educación formal. Una muchedumbre enorme le recibió cuando regresó a Argentina tras ganar el Abierto de Estados Unidos en 2007 y hubo un desfile en su honor.

Entonces ganó su segundo major — el primer sudamericano en enfundarse la chaqueta verde — al ganar un playoff de tres hoyos en el Masters de 2009. Su futuro en el golf no tenía límites.

Pero la que una vez parecía una historia feliz ahora se ha amargado y nadie puede predecir cuándo Cabrera quedará en libertad, mucho menos jugar golf de nuevo.

Mientras, Epps mira la casa vacía de Cabrera en Houston y se pregunta qué pasó.

“Vi mucho de eso en su golf, él era un perfeccionista desde el inicio y tenía mal temperamento”, dijo Epps. “Nunca tuvo un psicólogo deportivo ni nada así y creció con algo que probar. Una vez lo controló, se volvió el campeón que es”.

Aunque los detalles del caso de Cabrera siguen siendo algo confusos, fue acusado de violencia de géneros contra una ex pareja y pudiera enfrentar mas tiempo tras las rejas por presuntamente amenazar a la mujer por teléfono tras ser imputado. Los fiscales están examinando también acusaciones de otras dos mujeres, incluyendo la madre de sus hijos, y su abogado dice que existe la posibilidad de que sea imputado de más delitos.

Lo que es claro es que Cabrera — que fue arrestado en Brasil en enero de 2021 — luego que los fiscales emitieron una orden internacional de arresto por no presentarse a su primer juicio. Fue convicto en julio de 2021 de agredir, amenazar y hostigar a Cecilia Torres Mana, su compañera entre 2016 y 2018. No va a ser excarcelado hasta al menos enero, pese a sus afirmaciones de inocencia.

“No hubo ningún delito”, dijo su abogado, Carlos Hairabedian, en declaraciones a The Associated Press el miércoles, y agregó que las acusaciones fueron hechas “por despecho y resentimiento”. Hairabedian dijo que en los casos reportados “el común denominador es que no hubo violencia física sino intercambio de palabras altisonantes”.

El ascenso de Cabrera en el mundo del golf no fue exactamente meteórico, aunque lo pareció. Abandonado por sus padres, empezó a trabajar como caddie a los 8 años, para ganar suficiente dinero para comer. No pasó mucho tiempo antes de que decidiese dedicarse al deporte.

Epps estaba viviendo en Argentina entonces y Cabrera fue caddie para algunos de sus amigos, lo que llevo al inicio de una relación entre ambos, en la que Epps sirvió de instructor y figura paterna para el joven golfista. Los dos reconectaron cuando Cabrera se hizo profesional y su trabajo llevó a la victoria del argentino en el US Open en 2007.

“Él realmente quería mejorar su juego y vio que todo el mundo tenía un entrenador y me pidió que lo ayudase», dijo Epps. “Él es un buen golfista, que golpea bien la pelota. Es muy atlético y pudiera haber sido futbolista o incluso linebacker si se hubiese criado viendo fútbol americano”.

Epps dice que no ha hablado con Cabrera desde que fue encarcelado, aunque cuida la casa del golfista en Houston. Sigue teniendo esperanzas de trabajar con el argentino, ahora de 52 años, cuando salga de prisión y trate de reanudar su carrera. “Le deseo lo mejor y pienso que le queda mucho golf”, dijo Epps. “Pienso que saldrá como un hombre mejor. Al menos eso espero.

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La periodista de AP Almudena Calatrava contribuyó con este despacho desde Buenos Aires.

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